Un hotel boutique en Mérida que transforma la experiencia de hospedarse
Hablar de Casa Amate 62 es referirse a un proyecto que trasciende las ideas tradicionales de hospedaje. Este nuevo hotel boutique en Mérida nace desde una filosofía profundamente enraizada en el valor patrimonial, en el diseño consciente y en el respeto por las historias que se esconden entre las paredes de una antigua casona. No es solo una inversión ni una estrategia inmobiliaria más. Es un acto de cuidado hacia el centro histórico de la ciudad, un homenaje a sus formas de vida y un puente entre el pasado artesanal y la hospitalidad contemporánea.
A diferencia de los modelos de alojamiento convencionales, Casa Amate 62 propone un entorno íntimo y estético donde cada decisión de diseño responde a una intención clara: crear una experiencia genuina, cultural y acogedora. Su apertura no solo amplía la oferta turística premium de Yucatán, sino que también reafirma que el desarrollo turístico puede ser profundo, emocional y sostenible sin caer en fórmulas genéricas o ajenas al territorio.
Invertir con sentido: así se construye desde lo local
Uno de los principales pilares de Casa Amate 62 ha sido su modelo de inversión, completamente yucateco, que demuestra que las grandes transformaciones también pueden surgir desde lo local. Con una inversión superior a los 50 millones de pesos, el proyecto fue impulsado por empresarios como Edoardo Triay (Libera), Raúl Sánchez y Jacobo Ceh (Black Swan Capital), así como por la diseñadora y socia Steisy Echeverría. Lejos de buscar una rentabilidad rápida, este equipo ha apostado por generar impacto duradero, tejido social y valor simbólico para la ciudad.

El edificio rehabilitado fue, durante décadas, un taller de tapicería familiar, y su transformación no fue concebida como una ruptura con esa memoria, sino como una continuidad sensible y significativa. En lugar de sustituir, se respetó. En vez de borrar, se resignificó. Esta forma de crear habla de una visión empresarial distinta, en la que el crecimiento económico va acompañado de responsabilidad social, participación comunitaria y estética contextual.
Casa Amate 62 se logró gracias a diseñadoras, arquitectos, artesanos y proveedores locales. Más allá de su colaboración inicial, también se construyeron alianzas entre profesionales que comparten una misma visión: que el turismo y el desarrollo urbano pueden alinearse con el bienestar colectivo si se hacen con ética y sensibilidad.
Diseño que permanece en la memoria: una propuesta con alma





Cada espacio de Casa Amate 62 ha sido diseñado para provocar emociones, para estimular los sentidos y para alojar algo más que visitantes: ideas, momentos y recuerdos. Con habitaciones tipo Máster Suite, algunas de ellas con alberca privada, se ofrece una experiencia de descanso sofisticada que incorpora materiales tradicionales, paleta de colores suaves, texturas naturales y detalles cuidadosamente seleccionados.
Además, el proyecto incluye una panadería artesanal que pronto compartirá sus aromas con el entorno urbano, creando un punto de encuentro tanto para huéspedes como para visitantes. Se suma también un restaurante en desarrollo que celebrará lo local a través de ingredientes de temporada, recetas reinterpretadas y una narrativa culinaria alineada con la cultura de Yucatán.
La distribución de los espacios, la selección del mobiliario y el diálogo entre la arquitectura colonial original y las intervenciones contemporáneas logran una armonía difícil de encontrar en otros establecimientos. En este sentido, Casa Amate 62 no compite por volumen o extravagancia, sino que convence por su carácter, por su historia y por el cuidado con el que ha sido imaginado.
Ubicación estratégica en una Mérida que se reinventa
Situado a tan solo unas cuadras de la Plaza Grande, en el centro histórico de Mérida, Casa Amate 62 se encuentra en una de las zonas con mayor valor cultural, patrimonial y turístico del estado. Esta ubicación fue perfectamente planeada con un fin estratégico. Permite al visitante acceder a museos, mercados, galerías, plazas y espacios públicos que ofrecen una experiencia auténtica de la ciudad.
La elección de este entorno también responde a una visión de desarrollo urbano que privilegia la rehabilitación por encima de la expansión. Al activar un inmueble histórico mediante una propuesta contemporánea, se incentiva la revalorización del centro como espacio vivo, cultural y económico. Este gesto no solo beneficia a los turistas, sino que también dinamiza el entorno inmediato, atrayendo nuevas oportunidades de comercio, servicios y colaboración entre actores locales.
Actualmente, el estado de Yucatán cuenta con 17,236 habitaciones de hotel distribuidas en 730 establecimientos, de los cuales solo 280 se encuentran en Mérida. En este contexto, Casa Amate 62 amplía la oferta de hoteles boutique con una propuesta que no busca volumen, sino impacto cualitativo, dirigido a un público que valora la autenticidad, el diseño y la conexión con el lugar.
Una respuesta al nuevo perfil del viajero: identidad y experiencia
A medida que cambian los hábitos de los viajeros, surgen nuevas demandas en el mercado turístico. Hoy, quienes visitan Mérida no solo buscan descanso, sino también significado. Buscan comprender el lugar que pisan, consumir de forma responsable, vivir experiencias que les conecten con la cultura y, sobre todo, evitar las fórmulas impersonales del turismo masivo. Casa Amate 62 responde a este nuevo perfil de viajero desde su esencia.
El público objetivo de este hotel boutique es el viajero bohemio, urbano, sofisticado, quien valora el diseño como una forma de comunicación y que elige alojamientos que tienen alma. Este segmento de mercado prioriza la calidad de los espacios, la narrativa del proyecto y el respeto por el entorno, y es precisamente a este grupo al que Casa Amate 62 se dirige con una propuesta coherente, elegante y profundamente contextual.
Una apertura con significado: vínculo con el emprendimiento local


La apertura oficial de Casa Amate 62 coincidió con el Festival MEY 2025 Summer Edit, organizado por Fernanda Leyva, fundadora del colectivo Mujeres Emprendedoras de Yucatán (MEY). Este evento reunió a decenas de creadoras locales que ofrecieron productos artesanales, vestimenta, decoración y alimentos elaborados en el estado, convirtiendo la inauguración en una plataforma de vinculación real con el ecosistema creativo y mujeres de la región.
Esta alianza ha sido pensada para remarcar en lo que creemos: inclusión, comunidad, identidad y economía circular. Al vincularse con iniciativas como MEY, Casa Amate 62 demuestra que la hospitalidad también puede ser un catalizador de conexiones sociales, culturales y económicas que beneficien a más de un sector.
De esta manera, el hotel no solo se convierte en un espacio de hospedaje, sino también en un punto de convergencia para iniciativas locales, eventos con sentido y propuestas que enriquecen la experiencia del visitante mientras fortalecen el tejido emprendedor de la ciudad.
Libera: una apuesta a largo plazo por Yucatán
Detrás de Casa Amate 62 está Libera, una empresa con una visión clara: apostar por Yucatán desde una perspectiva de desarrollo sostenible, alta calidad y fuerte identidad local. Su trayectoria en proyectos anteriores como Casa Amate 61, que es un hostal boutique cerca de La Mejorada, un barrio emblemático de la Ciudad de Mérida, inaugurado en 2024; ha demostrado que es posible construir desde el arraigo, integrando el patrimonio con la innovación.
Reconocido por la Secretaría de Fomento Turístico (SEFOTUR) como un actor clave en el reposicionamiento de Mérida como ciudad cultural premium, Grupo Libera trabaja en sintonía con el Plan Renacimiento Maya, iniciativa del Gobierno del Estado que promueve la inversión en turismo responsable, con énfasis en la conservación patrimonial, el impulso al talento local y el crecimiento ordenado de la ciudad.
Con cada nuevo proyecto, Grupo Libera se consolida como un referente de una forma distinta de hacer ciudad: donde la estética y la economía no están reñidas, donde el diseño se convierte en herramienta de inclusión, y donde la rentabilidad se mide también por el impacto cultural y humano.